4 may. 2010

Zamarro

El perro nuevo ya no está con nosotros sino en la protectora de Valencia desde hace un par de meses. Pasó que cuando la Cindy empezó a entrar en celo yo la vigilaba a ella y al Rubio, que sabe mucho, para decidir cuando debía pasarsela a algún amigo para que la guardara hasta el final del celo. Y el Rubio todavía no iba, y la Cindy todavía no echaba el rabo a un lado, gesto inequívoco de invitación a follar en el lenguaje canino, aunque la cosa estaba cada vez más caliente. El Rubio se la pasaba amenazando al Zamarro, que le contestaba sólo para hacerlo rabiar y poder jugar con él a juegos de sometimiento (sí, por cuestiones de crianza es un poco masoca) hasta que un día, saliendo del consúm donde habían estado sentados los tres en la puerta esperándome tranquilamente, el Rubio se clavó una pincha en el pie, y cinco minutos después, viendo que no venían, me giré para llamarlos y vi que el grandullón se subía encima de la Cindy sin que el Rubiete, reconcentrado en su cojera, hiciera nada para impedirlo.
.- ¡¡Zamarro!! -grité en tono amenazador mientras el perrazo pegaba las primeras tres culadas. Cuando me oyó tuvo, lo juro, un momento de duda. Dudó entre seguir u obedecerme. Y pudo más, por que era muy fácil y ya estaba en posición, el instinto. A la cuarta culá la Cindy, que lo había dejado hacer por que siempre jugaban así, poniéndose uno por encima de otro, o por debajo, o revolcándose de mil maneras, pegó un grito bien agudo. Yo llegué enseguida corriendo pero el mal ya estaba hecho. El Zamarro asustado se bajó y se giró para apartarse pero claro, ya no podía. Estaban enganchados. La Cindy, con el retorcimiento en su vagina del nudo del pene del rotweiller chillaba más fuerte, y el otro asustado tiraba para separarse. Yo los agarré a los dos juntos para que no se hicieran daño y entonces, arrodillado y mientras los sujetaba a los dos y pensaba en que no tendría más remedio que hacerla abortar (en el atropello que había tenido la Cindy a poco de tener al Zamarro -y que fue un poco por culpa de él- se había roto la pelvis y al soldar le había quedado el canal del parto un poco más estrecho) vi a la altura de mi boca las orejas del Zamarro y no me pude aguantar... Le pegué buenos bocaos en la oreja que lo hicieron chillar tanto como chillaba la Cindy. El espectáculo debía ser deplorable y una chica que pasaba por ahí con su perrito me pidió que no le hiciera daño al perro, que ella se lo quedaría...
La chica subió a su casa a dejar a su perrito y yo me quedé esperando mientras el Rubio, muy dignamente, después de pegar unos lametazos a los genitales tumefactos de la Cindy, apoyaba con tristeza su cabeza sobre el lomo de ella. Cuando la chica bajó le conté lo que sabía del perro y su carácter, le dije donde vivía y que si tenía algún problema por favor que me lo hiciera saber, que yo al perro lo quería, a pesar de lo que ella había visto. La chica me dijo que el perro iba a estar muy bien, en un chalet, y que me daría razón de como le iba, y cuando se separaron se lo quedó.
Dos horas después me llamaron de la protectora (me conocen, y conocen a mis perros y el solar, por la gran colonia de gatos que hay en él) y me dijeron que la policía les había llevado al rotweiller que se habían encontrado deambulando por marxalenes (mi barrio y el de la chica).
El mes pasado fui con un amigo muy majo que se lo quería quedar a rescatar el perro pero, colmo de desgracias, ese mismo día una circunstancia desafortunada hizo que se quedara sin piso. El perro sigue en la protectora y lo único bueno que ha salido de todo esto es que me he hecho voluntario paseador de perros de la protectora y una o dos veces por semana voy a pasear a muchos de ellos.