4 jun. 2010

l'élégance du hérisson





Este es mi pensamiento profundo del día: esta es la primera vez que me encuentro con alguien que busca a la gente y que ve más allá. Puede parecer trivial pero creo que es profundo. Nunca vemos más allá de nuestras ideas y, lo que es más grave, hemos renunciado a los encuentros, no hacemos más que encontrarnos a nosotros mismos sin reconocernos en esos espejos permanentes. Si pudiéramos darnos cuenta, si tomáramos conciencia de que sólo nos miramos a nosotros mismos en el otro, de que estamos solos en el desierto, nos volveríamos locos. Cuando mi madre le ofrece macarrones de Ladurée a la Sra Broglie, se cuenta a sí misma la historia de su vida y no hace más que mordisquear su propio sabor; cuando papá toma su café y lee su periódico, se está viendo en un espejo tipo método Coué; Cuando Colombe habla de las conferencias de Marian, despotrica de su propio reflejo y cuando la gente pasa frente a la portera, sólo ven el vacío porque no son ellos. Yo suplico al destino que me dé la oportunidad de ver más allá de mí misma y de encontrarme con alguien.

(del diario de una niña mentalmente sana que ha decidido suicidarse, Según Muriel Barbery en "l'élégance du hérisson" -traducción propia-)



12 comentarios:

María dijo...

Fíjate que hora es,

pues me ha ocurrido con lo que has escrito en tu blog, como lo que te ocurrió a ti en casa de tus amigos, embobada perdida leyéndote. Pero mira, lo mío aun es más extraño, no te conozco de nada pero te lo voy a contar, verás, iba a cerrar el PC y como tenía un documento abierto no me ha dejado, volví a abrir y no me digas cómo he aterrizado en tu casa. Ahora mismo estoy alucinando jajaja porque veo que tienes enlazado mi blog y yo no he sabido de ti hasta ahora mismo...

¡¡lástima, que a ti no te pueda envolver nadie y darme una sorpresa tan bonita como la que te dieron a ti!! en fin, en cierto modo me la has dado al ver, que me tienes en tu casa...
Graaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaacias;-)

Si algún día te pasas, por favor dime ¡¡hola!!
¿de acuerdo?

Ha sido un placer y una graaaaaaaan sorpresa.
si encuentro el camino, volveré.


un beso y felices sueños

Jorge dijo...

...

huelladeperro dijo...

Bueno, María, te contesté en un post

Jorge, amigo :-)

Pareidolia dijo...

Me niego a hacer caso de las críticas, lo que no quiere decir que no las lea, más para apostar y unas veces ganar y otras perder. Rien ne va plus...
Realmente un libro que habla de superar al yo y que existe algo más allá que nuestras proyecciones de carencias merece la pena y si está escrito como si fuera un cuento, mejor.
Gracias por la aportación mon petit chien. Gros Bisous
P.S: Reconozco haber intentado practicar el método Coué, pero chico, que no hay manera...

Antígona dijo...

Vaya, ¡por fin! :)

Tal vez debería haber adivinado, después de lo que comentaste en mi blog, que éste sería el fragmento que pondrías. Pero el caso es que no lo he hecho.

Leyéndolo otra vez en tu blog, me pregunto hasta qué punto, incluso cuando sí buscamos encuentros y tratamos de ver más allá, no buscamos en el fondo vernos a nosotros mismos, reconocernos a nosotros mismos, y caemos entonces en ese autismo solitario que denuncia el fragmento. Si, pese a buscarlos, no eludimos sin embargo esos encuentros a fuerza de desechar toda interacción con el otro que no tenga que ver de alguna manera con nosotros mismos, con nuestros propios intereses, con nuestras propias motivaciones. A fuerza de buscar en sus afirmaciones sólo una ratificación de las nuestras. En sus intereses, un espacio para hablar de los nuestros. Cuál es la frontera que separa el monólogo del verdadero diálogo, por el que uno realmente tiene acceso al otro. ¿No es inquietante esta cuestión? A menudo me pregunto esto cuando intento hablar con la gente en mi curro y me doy cuenta de que todo se reduce a un puro intercambio cordial en el que nunca se comparte nada sustancial. Nada sustancial desde mi particular punto de vista, claro. De que, en el fondo, no me interesa nada de lo que me cuentan y por eso no me siento en ningún momento motivada a mantener una verdadera conversación. Pero, ¿por qué tendrían que hablarme de algo que me interese? No sé si esto es seguir sin ver más allá. Por suerte, tengo el contrapunto de contar con gente, aunque cada vez menos, donde esta sensación de aislamiento no puede tener lugar. Pero la duda persiste.

Particularmente, no todos los “peros” me molestan. Sólo aquellos que anulan el comentario positivo para venir a decir que la lectura del libro no merece la pena, que supongo son aquellos a los que aludes. Pero es que la pecera puede llegar a ser tan cómoda.

Un beso!

Antígona dijo...

Tenía tu blog abierto desde esta mañana y ahora al actualizarlo tras comentar aquí me doy cuenta de que has escrito un par de post más.

Vaya esto como explicación de mi "por fin" y algo de lo que le sigue en claro desajuste con el nuevo estado de la página.

huelladeperro dijo...

Vaya, Antígona, poco positiva andas hoy... Parece, según nuestra amiga Murielle, que ser capaz de buscar realmente a los otros no es tan fácil como pudiera parecer a simple vista. Quizá tengamos que utilizar también el criterio de Renée para delimitar mejor a nuestro personaje: ¿conoces tú a alguien cuyos principales rasgos sociales sean la indulgencia y la curiosidad?

huelladeperro dijo...

Te sugiero, Pareidolia que lo leas en francés. He estado revisando la traducción española esta mañana y es... ¿como diría yo? Inmadura.

huelladeperro dijo...

Humm, sobre el método Coué...

parfois les raccourcis débouchent sur des ravins infranchissables

Antígona dijo...

No es negatividad, Huelladeperro, en serio. Sólo preguntas que me he planteado muchas veces, especialmente, aunque suene paradójico, en el caso de relaciones de mucha cercanía.

A fin de cuentas, Kakuro se interesa por Renée cuando se percata de que tras su camufable de portera se halla una mujer con quien puede hablar y compartir. ¿El qué? Su propia pasión por Tolstoi y por la pintura holandesa, entre otras cosas. Luego no deja de ser cierto que busca en ella un espejo en el cual reconocerse, como todos buscamos rodearnos de personas con las que sintamos una cierta afinidad, con las que poder compartir aquello que nos interesa. No voy a decir que en ese compartir uno no esté dispuesto a escuchar al otro y aprender a través del otro. Eso es lo enriquecedor de compartir. Pero sí diría que, de entrada, lo que nos mueve hacia alguien, el punto de anclaje a partir del cual sentimos curiosidad por conocerle, suele tener por referente no otra cosa que nosotros mismos.

Igual estoy siendo demasiado ingenua, o sencillamente hurgando innecesariamente en una verdad de perogrullo, no sé.

¿Si conozco a alguien con esos rasgos de la indulgencia y la curiosidad? Uff, ahora no caigo. Así que será que tal vez no, o lo he conocido y no he sabido verla. Yo misma me he considerado bastante indulgente y curiosa y así otros me lo han reconocido. Pero me temo que con el paso de los años lo soy cada vez menos. Y mi curiosidad suele verse frenada por una tonta timidez que, según en qué contextos, me impide expresarla.

En fin, sé indulgente tú conmigo, que te veo guerrero.

huelladeperro dijo...

Lo seré, querida Antígona, pero no antes de explicarte porque te preguntaba si conocías a alguien indulgente y curioso.

Lo que es maravilloso y a la vez desconcertante con kakuro Ozu es que en él cohabitan el entusiasmo y el candor juvenil con la completa atención y la benevolencia de un gran sabio. No encuentro habitualmente una relación así con el mundo. Me parece que lo considera con indulgencia y curiosidad mientras los demás seres humanos que conozco lo abordan con desconfianza y bondad (Manuela), ingenuidad y bondad (Olympia) o arrogancia y crueldad (el resto del mundo). [Dice Renée en "15 una salvage muy civilizada"]

De ahí que entienda que si es posible que algún humano busque sinceramente encontrarse con alguien (como es el ruego de Paloma al final del párrafo que inicia este post), nuestra autora, Muriel, plantea que 1) Sí que es posible, pues Paloma (que no se equivoca en nada en todo el libro) ha encontrado a uno. Y 2) es seguramente su forma única de abordar el mundo, con indulgencia y curiosidad como nos lo descubre Renée, la que le permite ser alguien lo bastante abierto como para no buscar sólo su propio reflejo en los otros.
El problema es que no creo que el resto de la humanidad aborde el mundo con arrogancia y crueldad (aunque muchos sí, sobre todo los que tienen poder) sino más bien con egoísmo e inseguridad, cóctel peligroso donde los haya que crea una coraza alrededor de los seres humanos a través de la que sólo pasan por capilaridad cosas iguales a las que desde dentro se esperan...

Más de lo mismo como ves.

En estas circunstancias no es que Kakuro Ozu se interese por la portera a causa del arte, la música y la filosofía, sino que se interesa por los únicos seres que, pese a todas las apariencias, no han sido seducidos por los encantos de la pecera.

Besos e indulgencia plenaria pa ti, joven Antígona.

Antígona dijo...

Bueno, Huelladeperro, aquí acudo rauda a tu llamada, ahora que tengo un hueco para contestarte como es debido.

Sabía que tu pregunta tenía que ver con alguna caracterización de algún personaje en el libro por medio de esa indulgencia y curiosidad, por alguna razón me sonaba esa combinación de palabras, pero no recordaba si se habían atribuido a Kakuro o a Renée, y aunque estuve buscando un poco en él al final desistí por falta de tiempo.

Tu interpretación me parece correcta, pero en el fondo no elude el problema que te he planteado, y que posiblemente yo no haya expresado bien. Lo plantearé ahora con otras preguntas al hilo de tu respuesta, aunque te advierto que hoy tengo uno de esos días en que el lenguaje se me resiste y se me pone correoso en la boca. Si la relación de Kakuro con el mundo es de indulgencia y curiosidad, ¿por qué no se sirve de esa misma indulgencia y de esa curiosidad para salir al encuentro, para interesarse también por aquellos que se han dejado seducir por los encantos de la pecera? ¿Por qué no se muestra indulgente con ellos y considera que las paredes de la pecera bien podrían quebrarse en algunos casos, en algunos sujetos? Si Kakuro es un personaje que, al igual que Renée y Paloma, no ha sucumbido a esos encantos de la pecera, ¿no sigue buscando en ellas a sus iguales, a quienes le reflejan, es decir, a personas con las que cree que puede compartir su propia posición ante el mundo y la vida desde el afuera de la pecera?

Y no estoy diciendo que este modo de proceder sea incorrecto ni egoísta, sino, sencillamente, el enfoque, la perspectiva que nos invita a salir de nuestra soledad para ir al encuentro de otros con los cuales confiamos de antemano en que puede realmente producirse un encuentro movido por la recíproca curiosidad y el deseo de compartir.

De acuerdo con tu valoración de que gran parte de la humanidad aborda el mundo con egoísmo e inseguridad, aunque fundamentalmente, diría yo, con un egoísmo donde prima el narcisismo y la voluntad de ser escuchado sin sentir la necesidad de escuchar, de ser valorado sin detenerse a valorar a los otros, de ser amado sin ganas ningunas de esforzarse por amar… Una posición, por tanto, absolutamente infantil donde la inseguridad suele emerger, al menos en sus orígenes, de la frustración ante la imposible satisfacción de tanta demanda.

Gracias por tu indulgencia plenaria, Huelladeperro, ya me veo proyectada de cabeza al Reino de los Cielos :)

Besos!