14 jun. 2010

Todos somos animales

Ya tengo mi camiseta de "todos somos animales" de la SVPAP. Os parecerá trivial, pero es un logro que, como muchos, no nos ha sido dado.

En aquella época se decía que dormir con una planta era peligroso porque te quitaba el aire (lo decían hasta en clase los profesores). Así que imaginaos lo que pasaba con los animales: si uno, con 11 años, se hubiera atrevido a decir algo así como "todos somos animales" no hubiera faltado una vocecita que detrás de él, en tono condescendiente pero serio, completara: "pero racionales". Efectivamente, el "todos somos" podía referirse a muchas cosas; todo tipo de círculos concéntricos que se ensanchaban a partir del yo inicial, y que nos catalogaban por color, costumbres, nacionalidad, creencias, género, edades etc. pero el círculo más ancho al que se podía llegar era: "Todos somos hijos de Dios."

Los demás seres vivos, los animales por ejemplo, no podían pretender a ese estatus. Dios los había creado, cierto, pero no los había hecho hijos suyos, cualidad que reservaba exclusivamente para los humanos. No se podía llegar a más. Una clasificación que pretendiera, por ejemplo, incluir a seres ajenos a la humanidad en el círculo "todos somos seres vivos" topaba con una dificultad insalvable: era una clasificación eterogénea y no se podía poner en un mismo conjunto a los seres humanos, creados por Dios a su imagen y semejanza y dotados de un alma inmortal, y a los animales, puestos aquí por Dios para uso y disfrute del ser humano y desprovistos de ánima. Meros robots pues, que obedecían a un programa interno llamado instinto que no les permitía hacer otra cosa que aquello para lo que estaban programados; mientras que nosotros, que gozábamos de libertad y libre albedrío, podíamos decidir sobre nuestros actos y elegir entre el bien y el mal.

Yo, que había llegado a la conclusión de que los animales como nosotros (me refiero a los mamíferos) podían todos pensar (conclusión transcendental, pues había llegado a ella por la sola fuerza de mi espíritu) había tenido ya, a la temmprana edad de 11 años, más de una pelea con imbéciles que sostenían, con la convicción del que no quiere condenarse, que todas las acciones de los animales, por inteligentes que pudieran parecer, no eran más que la aplicación de las leyes del instinto y no el resultado de razonamientos perspicaces.

Luego vino la muerte de Franco, en callado atentado causado por la ETA, y al igual que en aquellos días ya se empezaba a saber entre los niños que quizá Franco no había sido tan bueno como parecía, la ley del karma, que en la generación jipi había tenido tanto éxito, mostraba de una vez -magnífica vez- su poder y el tirano era torturado hasta la muerte por el etarra jefe del equipo médico en lo que después se llamaría "ensañamiento terapéutico" y que entonces se llamó "informe médico del día" sin que, por lo que sepamos, a este sádico confeso nadie le haya pedido cuentas nunca. Unos, mezquinamente, por que con ese castigo creían que saldaban una deuda de sangre que el dictador tenía con ellos y otros, también mezquinamente, por que la hombría del jefe de su bando al soportar tan horrible castigo les daba crédito moral para hacer, si fuera conveniente, nuevas maldades.

La caída del régimen propició que a través de la boina polarizada que cubría España (españa) y que se volvía cada vez más transparente pasaran al lado de acá nuevas formas de ver el mundo y los comportamientos humanos que llevaban ya muchos años funcionando en otros lugares. La llegada del conductismo equilibró la balanza y donde antes había estado el libre albedrío campaba ahora por sus anchas el determinismo más feroz sin que los mismos idiotas que antes defendían como único motor de las acciones de los animales el instinto encontraran ahora ni un resquicio en donde insertar en las estrechas conexiones causalistas que nos venían de la mano de Skinner el viejo libre albedrío que antaño enarbolaran como bandera de superioridad especicista. Y bien que se gozaban en ello, con un gozo amargo y deslucido que les daba, creían ellos, como una pátina de haber pasado por todo y estar ya de vuelta a casa, vencidos aunque vivos.

Yo seguía viendo cómo en los cerebros de los animales y a veces en los de mis semejantes humanos (me permitiréis, para apoyar mi discurso empático, el simil mecanicista) daban vueltas las ruedecitas engranadas del pensamiento. Ahora, muchos años después, al conductismo se opone el existencialismo, a la religión especifista filosofías, como el budismo, con mucho mayor pedigrí ético. Y a las verdades recibidas y al principio de autoridad la más fina observación científica y el santo criterio del sentido común, inserto, Dios sabe por qué milagro, en el interior de cada uno de nosotros.

Pero no creáis que ha terminado la batalla: españa (o España, me da igual) se encuentra ahora formando parte del conjunto de las naciones; el eco con el que reberbera cada acción individual es ahora el de todo el globo terráqueo; y aquí, en nuestro país, la barbarie vuelve a tener un alto porcentaje de seguidores: la estúpida religión ha sentado sus reales posaderas en lo que hasta ahora mismo fuera nuestro suelo patrio libre, por fin, de la Gracia de Dios acaudilladora, y entre evangelistas infantiloides y testigos de jehová subnormales el sentido común entre la gente de nuestra lengua empieza a ser cada vez más escaso, mientras los viejos ateos, ácratas y racionalistas van dándose a los gusanos poco a poco... Entretanto los perros, nuestros viejos amigos fieles, se enfrentan a un nuevo enemigo cada vez más considerado en su particular idiosincrasia. Y es que ya sé de uno que siendo tocado por un perro cuando se disponía a hacer sus ejercicios religiosos dijo al dueño muy altanero que si aquello llegaba a suceder algo después, en pleno acto, hubiera tenido que matar al perro...

9 comentarios:

benedetina dijo...

Joder, qué hijo de puta, es pa matarlo a él, aunque también sea mezquino.

Bendito instinto animal entonces, ¿tanta perspicacia humana pa esto? Además, y encima, nosotros los homínidos aparte del instinto también estamos condicionados por las sádicas influencias de espabilados de nuestra misma especie que, con superpoderes manipuladores, nos convierten al igual que a los animales en robots-esclavos al servicio de sus propios intereses.

Ay

Ojalá hubiera mucha mucha más gente implicada con nuestros animales, amigos, para ayudar a acabar con la injusticia tan atroz que cometemos con ellos.

(Precisamente ahora me acaban de llamar pa recomendarme el docu "The Cove", del nota que domesticó a Flipper, que tras provocar desde la peli que hubiera tantos delfinarios ahora quiere enmendar su error. Menos mal que le dió por pensar finalmente)

Un saludo perruno

Antígona dijo...

No sabía nada de eso del ensañamiento terapéutico por parte del médico que asistió a Franco y me ha sorprendido mucho. ¿Podrías explicarlo un poco más?

En cuanto al tema del post, yo diría que la estúpida religión, cuyos fanáticos sí que son los verdaderos animales irracionales, nunca levantó sus reales posaderas de este país y me temo que aún tardará mucho en levantarlas porque nadie tiene huevos para obligarle a hacerlo. Y si no, ¿a santo de qué se sigue dando, con el beneplácito del gobierno, clase de religión en las escuelas públicas? ¿A santo de qué se sigue financiando la Iglesia con nuestros impuestos? ¿A santo de qué siguen estando exentos del impuesto sobre el patrimonio?

Pero si nadie tiene huevos es porque los fanáticos son también futuros electores a los que no hay que contrariar en exceso. Y encima son legión. Basta haber visto la masiva afluencia a las manifestaciones contra la nueva ley del aborto o el matrimonio homosexual. Y aunque dudo mucho que los votantes del partido que gobierna actualmente sean esta clase de fanáticos, no me cabe la menor duda de que entre sus filas se hallan muchos que son religiosos y respetan a la Iglesia. De lo contrario, otro gallo nos cantaría.

Lo peor de todo no es eso, sino que la religión podría tal vez significar algo muy distinto. Pero a la postre siempre acaba siendo sinónimo de fanatismo, intolerancia y hasta me atrevería a decir falta de humanidad. O digamos animalidad si es un hecho que los animales no pertenecientes al género humano no se matan gratuitamente entre sí.

Un beso!

huelladeperro dijo...

ANTÍGONA, te remito a las hemerotecas de la época, En la prensa y los diarios venían explicaciones y diagramas de por dónde se le estaba yendo la vida al caudillo, y lo que el "equipo médico habitual" iba haciendo para tapar la hemorragia vital. Hoy día a eso se le llamaría, no te quepa duda, "ensañamiento terapéutico" pero entonces era el esfuerzo de todos por retener un pasado que se iba por miedo al cambio y al desconocido futuro

Desilusionista dijo...

Eh, independientemente de creencias religiosas, la propia religión forma parte del instinto. El instinto de vivir lo mejor posible: si soy más inteligente que otros y soy capaces de contarles un cuento chino tal que les mantenga acojonados, lejos de ideas propias y anhelos, y en los que se incluya repetir continuamente frases lavacerebros...¿por qué no iba a hacerlo? Me aseguro una posición de poder, y encima promulgo que luchar contra esa situación de poder es un pecado, así que atrévete a tocarme.
Instinto puro y duro. Lo increíble es que se pase por el aro. Me alucina el reinante complejo de caniche de circo.

Por cierto, desviándote un poco el tema principal, y por curiosidad...¿aún sigues pensando que los animales "piensan" como tú comentas en el post? ¿O son los pensamientos humanos simple "instinto degradado"? ;)

Antígona dijo...

En la última frase de mi comentario quería decir "humanidad" y no "animalidad", Huelladeperro, que si no la frase es absurda. Es que ando un poco despistada últimamente.

Gracias por la referencia.

María dijo...

HUELLADEPERRO,

vengo a firmar, la pipa de la paz. Pero antes te voy a pedir un favor, para que de nuevo no malinterpretes o presupongas erróneamente mis intenciones, casi mejor que no aparezcas por mi blog, así tendrás claro, que te comento, como siempre hago, simplemente porque me apetece hacerlo.

Y que conste que me voy a esforzar jajaja que me he leído tu entrada, al menos un par de veces. Porque la cosa tiene su enjundia, demasiada diría yo, si me meto en mucha hondura, te dejaría un testamento insufrible, y te aviso que otro de mis pecados es que jamás reviso lo que escribo...

Bien, a parte de que a lo tonto me he enterado por lo de SVPAP, que supongo vives en Valencia. Te diré que yo, no se tú, aun pienso que los perros piensan, si por pensar se entiende procesar información y actuar en consecuencia. El ser humano, efectivamente es tan animal o tan poco animal, como decida serlo. La racionalidad, se nos presupone, como algo dado de serie y no es cierto.

Prueba de ello, efectivamente, es la proliferación de fanatismos religiosos y de todo tipo que existen, que me da igual, si tienen su base en la religión, la política o cualquier tipo de creencia. Padecemos el mal de las ovejas y cada vez más actuamos como ellas ¿¿para qué pensar?? si otro lo hace por nosotros y nos maneja a su conveniencia, en ese punto, cualquier perro piensa mil veces más que nosotros. Al menos ellos, en el peor de los casos dejan siempre libre su instinto y es el quien les guía y nos las idioteces que otro les mete en la cabeza.

Lo que no pillo demasiado es lo que tiene que ver en "ensañamiento terapéutico" al que se le sometió a Franco, con tus razonamientos, si no es por situarlo en el tiempo de tus 11 años ¿es eso?

Si que casi resulta morboso, por cierto, lo que se le hizo pasar a aquel hombrecillo medio pasmado en el que se convirtió al final, el que fuera unos de los dictadores más crueles, por la ambición desmedida de los que lo querían perpetuar en el tiempo.

Todos somos animales, sin duda.

Por cierto, y ya te dejo en paz, te contaré que yo tengo tres perras, dos mastines y una español bretón, a parte de muchísimos más bichos por casa de todo tipo. De las tres una es la mía, mía y yo de ella, se llama Aloia, la cosa más preciosa, lista y bestia jajaja que existe.

Me ha gustado, HUELLA, espero que esta vez, no me regañes. ;-)


¡¡Ale!! besos y...¡¡disfruta de tu camiseta!!;-)

huelladeperro dijo...

Hola Desi: si eres más inteligente que otros y les cuentas un cuento chino para tenerlos sometidos y mandar tú, entonces eres un cabrón. Si los demás no se rebotan es que son unos mierdas. O caniches de circo, como dices tú.
Supongo que la selección actúa mucho más deprisa que lo que nos creemos. Y que en todo caso la sociedad tiene mecanismos muy efectivos para operar esa selección.

En cuanto a tu última pregunta, me gusta mucho la forma en que planteas que los pensamientos humanos podrían ser "simple instinto degradado" Lo he pensado así muchas veces, pero no he sido nunca capaz de analizar el tema a fondo. Y respecto a la otra parte de tu pregunta, he cambiado de pensamiento por completo. Sigo pensando que los animales piensan, pero en cambio pienso que los humanos (la inmensa mayoría, o sea casi todos) actuamos siempre, exclusivamente, por instinto, y que los llamados pensamientos son como volutas de humo acompañando nuestros comportamientos instintivos, florituras estéticas cuya única función es adornar la acción, disimularla ante miradas críticas, o disfrazarla para que parezca otra. Todo para que ningún ser humano, ni uno mismo, sepa cuál es la acción que realmente ha querido el instinto.

¿Tú no eres desilusionista? Pues eso, sólo que el mago no eres tú, que no piensas, sino el instinto, el único que lo hace.

Hola María:

1) Tú firma la paz que yo me fumaré la pipa... (de maría, claro)

2) lo de que cualquier perro piensa más que nosotros es bastante verdad, siempre que sea un perro libre, porque los que viven con nosotros tienen nuestras mismas neurosis y ¡hay! nuestras mismas carencias intelectivas. Te remito para más información al curioso video que enlacé en este post hace unos meses en cuanto a lo de quien piensa mejor o peor...

3) Yo tenía 13 años cuando murió Franco, sí, y lo del ensañamiento terapéutico no tiene más relación con el post que pareciéndome este un consomé ligerito quise meterle yema y jerez ;-)
En serio, me pareció que en pocas palabras podía señalar algo que si bien entonces debió pensarlo media españa casi nadie verbalizó..

Besos pa ti también..

NoSurrender dijo...

No sé porqué me estaba acordando de un verso filosófico antropológico de uno de los baluartes intelectuales de la vida celtibérica de los ochenta: Siniestro Total.

Nosotros somos seres racionales
de los que toman las raciones en los bares


Quiero decir, la racionalidad del animal humano se expresa en este tipo de actos sociológico-sofisticados, donde conductismo y existencialismo se encuentran y funden, bajo la vigilancia condescendiente de nuestros seres superiores: los perros. Algo así.

huelladeperro dijo...

Jeje, la próxima vez que me acompañen mis perros de tapeo seguro que los colegas me ven quedarme parao, enmimismao, palillo al aire, como para sentir mejor con las manos del alma el pálpito comulgativo del corazón sacramental humano.
Y cuando luego me pregunten ¿qué te pasa, perro?
Miraré a los mios sin decir nada y engulliré la aceituna...

Y después, no sé, ojalá me ponga a cuatro patas y me vaya a mear a alguna esquina.

Así sea.