29 mar. 2010

Salvando lo que dices que puede que no todos tengan como norma ser honestos, creo que los recuerdos de los hechos del pasado no son propiamente recuerdos de hechos, sino recuerdos de cómo los percibimos en su día. Y la percepción de las cosas no es propiamente percepción de la realidad, una cosa inconmensurable, sino reconocimiento de imágenes previamente almacenadas de lo que presumimos ser la realidad. Percibimos fácilmente lo que ya está en nosotros, lo que postulamos ser la realidad, y con mucha dificultad los elementos nuevos o que no se ajustan a nuestras espectativas. Ajustamos la realidad a lo que de ella ya hay en nosotros. Y desde el momento que ya es nuestra, que ya la hemos integrado en nuestro ser, vamos modificando ese recuerdo a medida que nuestras experiencias nos van cambiando. Pero hay, creo, algo profundamente patológico cuando esos recuerdos distorsionan demasiado los hechos vividos. Si el mundo es objetivo, y no tenemos razones para creer que no lo sea, crecer, evolucionar, no puede ser otra cosa que adaptarse a ese mundo. Modificar la percepción del mundo para mantener inamovible nuestro ser es síntoma de algún malsano desorden interior. de El café de Fernando

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